PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN Y DEL CONSEJO DE LA JUDICATURA FEDERAL, MINISTRO LUIS MARÍA AGUILAR MORALES, CON MOTIVO DE LA CEREMONIA CONMEMORATIVA DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO DE MARIANO OTERO (1817-1850), CELEBRADA EN EL ALCÁZAR DEL CASTILLO DE CHAPULTEPEC.

Ciudad de México, 30 de marzo de 2017.

 

Muchas Gracias, muy buenas tardes, bienvenidos todos.

Destacó la presencia de la señora Ministra doña Margarita Beatriz Luna Ramos,

De los señores Ministros que nos acompañan.

De la Consejera de la Judicatura Federal, doña Rosa Elena González Tirado, del señor Consejero.

De especialmente de la Presidenta doña Janine Madeline Otálora Malassis, que nos hace el honor de acompañarnos.

A mi querido amigo don Alberto Pérez Dayán, que ha sido además promotor y organizador entusiasta de este festejo muy merecido para don Mariano Otero.

Y desde luego, sin duda, la presencia del Doctor Enrique Krauze, que yo le digo el Cronista del Tiempo y que habla de los personajes como si los hubiera  vivido en carne propia.

Al licenciado Raúl Padilla López, Presidente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y ahora participe con nosotros en la elaboración de este festejo allá en Guadalajara.

Al maestro Diego Prieto Hernández, no solo representante de la Secretaria de Cultura, sino también director del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Y desde luego al doctor Raúl Gutiérrez Lombardo, por supuesto, heredero directo de nuestro homenajeado, don Mariano Otero.

Señoras y señores

 

El día de hoy, desde el Poder Judicial Federal, iniciamos la conmemoración del bicentenario del natalicio de Mariano Otero, uno de los más grandes, importantes pensadores del siglo XIX y padre de una de las instituciones fundamentales del Estado mexicano: el juicio de amparo.

 

Esta conmemoración, también debo mencionarlo,  ha sido propiciada en el interior de la Suprema Corte por un equipo entusiasta, de personas que han ido en el tiempo, organizando todos estos festejos, la recopilación de documentos, la historia, yendo a los archivos,  y por ello, sin menoscabo de quienes también participaron, quiero destacar la destacada labor, la importante labor, de la doctora Leticia Bonifaz Alfonso, que ha trabajado entusiastamente, directora de Promoción y Difusión de los Derechos Humanos  de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

También, debo reconocerlo, solo reconoceré tres mujeres de ese equipo, a la licenciada María Bertha Fernández García de Acevedo, Secretaria General de la Presidencia; y desde luego, a doña Dennis Lara, que también ha participado con muchas aportaciones para lograr este día.

 

Este acto se enmarca en un escenario vinculado a nuestro personaje: el Castillo de Chapultepec, donde se vivieron hechos clave para la historia nacional y se resguarda parte de nuestra memoria histórica; en particular, de aquellos mexicanos que defendieron a la Patria en los momentos aciagos de la intervención extranjera de 1847 y los que a lado de Don Benito Juárez participaron en la guerra de Reforma. 

 

Mariano Otero, como ya nos lo ha precisado y narrado con brillantez el doctor Krauze, nació hace 200 años cuando aún no se consumaba la guerra de independencia y estaban por construirse los cimientos de esta nueva nación. A nivel internacional, le tocó la época de la expansión colonial de los imperios europeos, de los avances de la revolución industrial incipiente, y de los primeros movimientos que defendían derechos civiles, políticos y sociales.

 

A nivel nacional le tocó sufrir las amenazas de la invasión extranjera; participar en las tensiones centralistas y federalistas; ser protagonista en las pugnas entre conservadores y liberales, y sufrir, incluso, una detención injusta al oponerse a Santa Anna. A él le tocó instrumentar la repatriación de nuestros connacionales después de la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio generando un precedente imborrable en los servicios consulares. Esa repatriación, como que nos suena todavía presente.

 

Otero formó parte de una generación de patriotas que en tiempo de paz empleaba la pluma para fundar instituciones y en tiempo de guerra blandía la espada para defender a la Nación de las amenazas externas y las conjuras internas.

 

El siglo XIX fue descrito así por Octavio Paz: “es un periodo de luchas intestinas y de guerras exteriores. La nación sufre dos invasiones extranjeras y una larga guerra civil, que termina con la victoria del Partido Liberal. La inteligencia mexicana participa en la política y en la batalla. La misión era defender al país y, en cierto sentido, hacerlo, inventarlo también…”

 

Mariano Otero fue un heredero de la Ilustración Europea. Nada le era ajeno, su curiosidad intelectual no conoció límites y su visión fue más allá del horizonte de su tiempo. Las ideas que expresaba como académico y escritor, se convirtieron en acciones en sus facetas de abogado, legislador, diplomático y funcionario público.

 

Sus ensayos, artículos, dictámenes legislativos, votos particulares, discursos y su correspondencia nos muestran no solo lo prolijo de su obra sino la vigencia de su pensamiento.

 

En el ámbito jurídico, Otero defendió el gobierno republicano, el sistema federal y la representación popular como formas supremas de organización política; concibió el juicio de amparo, la institución más importante del sistema jurídico mexicano para la defensa de los derechos de las personas frente a los actos de autoridad.

 

Como sabemos, ya existían antecedentes del juicio de garantías, desde el cuestionable e infructuoso Supremo Poder Conservador y las Siete Leyes de 1836, hasta el conocido proyecto de Constitución del Estado de Yucatán elaborado en 1840 por don Manuel Crescencio Rejón; Mariano Otero, en cambio, con su voto particular que se incorporaría en forma casi íntegra en el Acta de Reformas de 1847, dio rango constitucional a nivel federal al juicio de amparo.

 

Recordemos que en dicho voto, Otero afirmó ante el Constituyente: “no he vacilado en proponer al Congreso que eleve a grande altura al Poder Judicial de la Federación, dándole el derecho de proteger a todos los habitantes de la República en el goce de los derechos que les aseguren la Constitución y las leyes constitucionales, contra todos los atentados del Ejecutivo y del Legislativo, ya de los Estados o de la Unión.”

 

Otero desarrolló un método de análisis social propio de la economía política para explicar las causas y posibles soluciones de los problemas que aquejaban a México, estudiando a los estamentos que integraban nuestra sociedad, la manera en que estaba organizado el gobierno y la forma en que se repartía la propiedad.

 

Otero llamó la atención sobre la necesidad de contar con un organismo encargado de estadística nacional cuya información sirviera para la toma de decisiones de la administración pública; sus conceptos sobre la representación de las minorías influyeron en el sistema de representación proporcional que se utiliza en la integración del Congreso de la Unión y las legislaturas de los Estados; y sus propuestas en materia de readaptación social del delincuente sirvieron para configurar el sistema penitenciario mexicano desde el inicio del siglo XX.

 

A Otero le preocupaban las desigualdades sociales, que aún tenemos como asignatura pendiente. Buscaba propiciar las condiciones para el desarrollo económico, garantizar el acceso efectivo a la justicia, hacer respetar nuestra soberanía, Hoy más que nunca el pensamiento de Otero por ello, tiene una vigencia extraordinaria.

 

Algunas ideas de Otero quedaron plasmadas en la Constitución del 57 y después en la ya centenaria de 1917. Temas administrativos, fiscales, y electorales encuentran su origen en planteamientos y en las preocupaciones de don Mariano.

 

Por todo ello, a partir de hoy y durante todo este año, a través de los diversos actos conmemorativos que ya fueron descritos, desde el Poder Judicial de la Federación hemos tomado la iniciativa de honrar y recordar la vida y obra de este jurista excepcional que conjugó pensamiento y acción para forjar instituciones fundamentales del Estado mexicano.  Nuestro objetivo es divulgar su obra con la mayor amplitud posible para conocimiento de las generaciones presentes y futuras.

 

En esta labor, como ya lo dije, contamos con la colaboración de destacados funcionarios e historiadores interesados en la cultura general jurídica de nuestro país.

 

A nombre de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, agradezco su apoyo entusiasta que se han sumado a esta celebración y especialmente a nuestros amigos del estado Jalisco.

 

Celebraciones de esta magnitud no serían posibles sin el concurso de todas las instituciones que guardan celosamente documentos históricos, precisamente una de las ideas y propuestas de Otero,  con ello, con nuevos ojos, podemos rescatar el legado de personajes como él mismo.

 

A doscientos años del natalicio de Mariano Otero, desde este lugar emblemático, el Castillo de Chapultepec, los invito a una reflexión profunda sobre el México de hoy y a asumir el compromiso de alcanzar los objetivos que nos son comunes: un país igualitario y justo fundado en el derecho y en sus instituciones, que no tienen otra finalidad, como diría Otero que “el progreso de nuestros elementos sociales y la conservación de la unidad nacional”.

 

Las instituciones son producto indiscutible de las aportaciones de personajes como Otero.  El sumó a su talento, tesón, constancia y compromiso para defender los principios que profesaba. Su vida seguirá siendo fuente permanente de inspiración y su obra un pilar fundamental de la justicia mexicana.

 

Al día siguiente de su muerte, en 1850, sus amigos publicaron un escrito donde advertían que Otero formaría parte de una de las páginas más distinguidas de la historia. “Página que será gloriosa y a la vez lúgubre.  Gloriosa porque en ellas se leerá el  mérito de nuestro amigo. Lúgubre porque se recordará siempre su temprana y sentida muerte”.

 

Orgullosos de su herencia como mexicanos y comprometidos para honrar su memoria, estamos obligados a llevar a cabo, con altura de miras, lo que a nuestra generación le corresponde.

 

Muchísimas gracias.

 

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